Las plantas silvestres venenosas de las Islas Canarias


Martes, 22 Septiembre, 2015
 
Presentamos de nuevo esta semana algunas plantas con las que hay que tener cuidado por su toxicidad.
 
¡Esta vez no les toca a las que cuidamos en jardines y parques! Sino a las que salen de forma espontánea, lo que muchas veces llamamos “malas hierbas”, aunque algunas de ellas no son “hierbas” en el sentido estricto de la palabra, sino arbustos e incluso árboles. Hay un buen número de ellas, por lo que hemos elegido algunas de las más comunes y visibles. 
 
Algunas, como veremos a lo largo de la semana, son al mismo tiempo plantas medicinales, otras son ancestros de plantas cultivadas comestibles, y no pocas están consideradas plantas ornamentales. Lo que tienen todas en común es su toxicidad, aunque, lo repetimos, no queremos fomentar miedos ni rechazos, sino informar. Podemos admirar tranquilamente su belleza, que la tienen, y tenerlas en nuestro jardín si queremos.  Pero estaremos informados y podremos tomar las precauciones necesarias.  
 
El mimo o tabaco moro (Nicotiana glauca) es una solanácea, más concretamente del género Nicotiana, en el que se integran las diferentes especies de tabaco. Por lo tanto, es un tabaco silvestre, originario en este caso de Perú y Bolivia, y que fue traído a  Canarias como planta ornamental posiblemente alrededor de 1890. 
 
Como es una planta muy venenosa  (que no se le ocurra a nadie usarla como tabaco normal), capaz de sobrevivir en ambientes muy diferentes, y además produce decenas de miles de minúsculas semillas por individuo, el mimo pronto se convirtió en una planta invasora. Hoy en día puede encontrarse en lugares abiertos desde la arena de las dunas de la costa pasando por bordes de carreteras y ambientes urbanos hasta los 500 metros de altitud o algo más. Por encima de esta cota, parece que ya puede haber en invierno temperaturas demasiado bajas para la planta, por lo que no prospera. 
 
Tampoco crece en áreas de bosque, pues necesita mucha luz. Se encuentra en grandes cantidades especialmente en zonas muy pastoreadas, donde se beneficia del abono nitrogenado procedente de los animales y que éstos no pueden aprovecharlo como forraje debido a su toxicidad. 
 
Como en muchas ocasiones, hay insectos que sí pueden comer las hojas del tabaco moro, por ejemplo las orugas de la llamada “mariposa de la muerte”, bastante escasa en Canarias y que vuela de noche. La oruga alcanza el tamaño de un dedo y tiene franjas azules sobre un fondo amarillo.
 
¡Esperamos que os haya interesado y os invitamos a conocer algunas más a lo largo de esta semana!